La histeria femenina que no es acompañada de lozanía, es como el tallo repleto de espinas cuya corona, marchitada ya, quiere brillar a costa de veleidades. El castillo sin riquezas, rodeado de cocodrilos que se devoran unos a otros, a falta de príncipes que desafíen su fortaleza. Un adorno ridículo, por la ausencia de ocasión para lucirlo.
lunes, 26 de noviembre de 2012
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